Pese a los importantes avances científicos alcanzados en las últimas décadas, el VIH continúa representando un desafío para la salud pública a nivel mundial. Así lo advirtió ONUSIDA al presentar el informe «Unidos para terminar con el sida» en el marco de la Conferencia Mundial sobre Sida (AIDS 2026), que se desarrolla en Río de Janeiro. El organismo informó que durante el último año unas 1,2 millones de personas contrajeron el virus y otras 570.000 murieron por enfermedades relacionadas con el sida.
La directora ejecutiva. Winnie Byanyima sostuvo que los avances logrados no garantizan el fin de la epidemia y advirtió que la reducción del financiamiento internacional amenaza con revertir décadas de progreso.
“Este es uno de los mayores logros de salud pública de nuestra generación, pero progreso no es lo mismo que victoria”, y señaló que aún hay 8,9 millones de personas que viven con VIH sin acceso al tratamiento antirretroviral, entre ellas casi el 45% de los niños que conviven con el virus.
Según el informe, desde el pico de la epidemia las nuevas infecciones se redujeron un 65% y las muertes asociadas al sida disminuyeron un 73%. Actualmente, más de 32 millones de personas reciben tratamiento antirretroviral, lo que permitió salvar más de 28,5 millones de vidas.
No obstante, ONUSIDA advirtió que el ritmo de los avances comenzó a desacelerarse. Las nuevas infecciones aumentaron en tres de las cinco regiones del mundo y en al menos 21 países. Cada día, alrededor de 3.400 personas contraen el VIH y unas 1.600 fallecen por enfermedades relacionadas con el sida.
Byanyima afirmó que numerosos países dependían de la cooperación internacional para financiar cerca del 60% de sus estrategias contra el VIH y alertó que los recortes ya comenzaron a impactar en la atención sanitaria.
“Las organizaciones comunitarias están cerrando, los programas de prevención se están reduciendo y los trabajadores de la salud están perdiendo sus empleos. Cuando la prevención desaparece, las infecciones aumentan. Cuando el tratamiento se interrumpe, la gente muere”, sostuvo.
La directora ejecutiva de Global Action for Trans Equality (GATE), Erika Castellanos, cuestionó además el retroceso en materia de derechos humanos y atribuyó parte de la crisis a decisiones políticas de los países donantes. “Yo estoy viva gracias a la ciencia, al activismo y a una comunidad organizada. La ciencia no les falló a quienes murieron; la política sí”, afirmó.
El informe también advierte que persisten importantes barreras legales y sociales. Actualmente, 66 países penalizan las relaciones entre personas del mismo sexo, 168 sancionan el trabajo sexual y 14 mantienen leyes contra las personas trans, factores que dificultan el acceso a la prevención y al tratamiento.
En África, el viceministro de Salud de Sudáfrica, Joseph Phaahla, señaló que la reducción del 25% de la financiación internacional ya afecta la disponibilidad de medicamentos, los programas de profilaxis preexposición (PrEP) y los sistemas de vigilancia epidemiológica.
El director de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Jarbas Barbosa, sostuvo que el desafío ya no pasa por el desarrollo científico, sino por garantizar el acceso universal a esas tecnologías. “La pregunta ya no es si tenemos las herramientas para poner fin al VIH como problema de salud pública. La pregunta es si podemos asegurar que lleguen a todas las personas que las necesitan”.
En América Latina y el Caribe, las muertes relacionadas con el sida disminuyeron un 46% entre 2010 y 2025. Solo durante 2024, el acceso al tratamiento antirretroviral evitó unas 117.000 muertes y el uso de la profilaxis preexposición pasó de 35.000 personas en 2020 a más de 326.000 en 2025.
