Con un profundo sentido de fraternidad y gratitud, la comunidad riojana se congregó este jueves en la Iglesia Catedral y Santuario San Nicolás de Bari para celebrar el solemne Te Deum con motivo del Día de la Independencia. La celebración civil y religiosa se convirtió en un espacio de oración compartida para dar gracias a Dios por el caminar de la Patria y para renovar el compromiso de construir una sociedad fundada en la justicia, la solidaridad y la concordia.
Desde el inicio de la celebración, el Servicio Litúrgico Diocesano preparó los corazones a través de un guion enfocado en la corresponsabilidad y en el amor a la Patria. En la introducción, el guion de la guía invitó a los presentes a recordar a quienes hicieron posible el nacimiento de la Nación y a trabajar por una Argentina que privilegie el bien común.
Las lecturas elegidas para la jornada arrojaron una luz nítida sobre la realidad actual:
- Primera Lectura (Nehemías 2, 1-8): El guion litúrgico introdujo este pasaje describiendo a Nehemías como un hombre que asume con valentía y plena confianza en Dios la misión de levantar la ciudad de sus padres en ruinas, recordándonos que toda renovación exige fe y amor por el bien común.
- Santo Evangelio (San Mateo 7, 21. 24-27): El texto evangélico recordó las palabras de Jesús sobre la necesidad de no quedarse en el decir «Señor, Señor», sino de traducir la fe en obras concretas, comparando a quien escucha y practica la Palabra con el hombre sensato que edificó su casa sobre roca firme, resistiendo los torrentes y los vientos.
- Poner al ser humano en el centro frente al cambio de época
Al momento de la homilía, el obispo monseñor Dante Braida inició su alocución recordando el hito de 1816 como la maduración de un proyecto común que, a pesar de las miradas e intereses diferentes de los ciudadanos de la época, nos permitió crecer con una identidad propia. Al mirar el presente, el Pastor advirtió que nos toca transitar un cambio de época complejo, donde a las dificultades cotidianas se suman desafíos inéditos planteados por las nuevas tecnologías.
Haciendo eco de la primera encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas, Braida valoró los aportes técnicos que mejoran la calidad de vida, pero alertó con claridad que hoy el dominio tecnológico está en manos de empresas transnacionales fuera de criterios de gobernanza. «Intereses que pueden llevar a una utilización del ser humano a su antojo o como algo más a manipular. Es una realidad que nos pone ante la posibilidad concreta de atentar contra la dignidad propia del ser humano», señaló, exigiendo una profunda reflexión social.
Tomando las figuras bíblicas propuestas por el Pontífice, el Obispo contrastó el orgullo y la autosuficiencia de la torre de Babel con la Jerusalén comunitaria de Nehemías, la cual se reconstruyó con la participación activa de todo el pueblo: sacerdotes, artesanos, jefes de familia, mujeres y jóvenes. Citando el magisterio pontificio, exclamó: “En la era de la inteligencia artificial… tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos… no temamos ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo”. El Obispo remarcó que, si se actúa con sabiduría, “las piedras desechadas —los pobres, los enfermos, los migrantes, los pequeños— se convertirán en piedras angulares”.
- Un llamado al diálogo sin exclusiones en el año de los Mártires
Con espíritu cercano y de comunión, Monseñor Braida insistió en la necesidad de agudizar el oído hacia Dios y hacia los hermanos, especialmente con los que más sufren. En un mensaje directo a la convivencia civil, enfatizó que caminar con otros exige un diálogo permanente “que incluya a los que piensan distinto o están en la otra vereda”. Con firmeza pastoral, alentó a la ciudadanía: “El diálogo sincero, aunque sea arduo, siempre encuentra puntos en común o de consenso. No nos resignemos a bajar las persianas de la escucha y el diálogo”.
El cierre de la homilía estuvo impregnado por el clima martirial que vive la diócesis, al conmemorarse los 50 años de la entrega de los Beatos Mártires Riojanos. Braida recordó que monseñor Angelelli y sus compañeros dieron la vida por proponer un camino donde el centro fuera la felicidad del pueblo y su promoción integral. Pidió su intercesión para que los riojanos sean consecuentes con el Evangelio, asumiendo el eslabón de la historia actual con justicia social, caridad y un compromiso sostenido que honre verdaderamente la libertad nacional.
La celebración concluyó con la entonación del antiguo himno del Te Deum, la tradicional Oración por la Patria y un emotivo canto final a la Santísima Virgen María, poniendo bajo su manto maternal el presente y el futuro de todo el pueblo argentino.
