l uso del preservativo entre adolescentes y jóvenes registra una caída sostenida en Argentina pero también en distintos países del mundo, una tendencia que preocupa a especialistas en salud sexual debido al aumento de las infecciones de transmisión sexual (ITS) y a la pérdida de una práctica histórica de prevención.
De acuerdo con datos difundidos por AIDS Healthcare Foundation (AHF) Argentina, apenas el 14% de las personas en nuestro país utiliza preservativo en todas sus relaciones sexuales. En contraste, el 65% afirma usarlo solo ocasionalmente y más del 20% reconoce no utilizarlo nunca. Además, entre los jóvenes el uso constante se ubicaría por debajo del 15%.
El fenómeno responde a múltiples factores. Entre ellos aparecen la disminución de campañas de prevención, la menor percepción de riesgo frente al VIH, la falta de educación sexual integral, la influencia de contenidos en redes sociales y pornografía, y la creencia de que otros métodos anticonceptivos son suficientes para evitar consecuencias negativas.
Muchos jóvenes asocian el preservativo principalmente con la prevención del embarazo y no con la protección frente a enfermedades de transmisión sexual. Esta situación provoca que, al utilizar otros métodos anticonceptivos, algunas parejas opten por abandonar el uso del profiláctico.
El principal temor entre muchos adolescentes y jóvenes suele ser un embarazo no planificado, mientras que las infecciones sexuales aparecen como un riesgo más lejano o menos visible. Sin embargo, advierten que los casos de sífilis, gonorrea y clamidia muestran una tendencia creciente en distintos países y que el preservativo continúa siendo el único método que protege simultáneamente contra embarazos e infecciones de transmisión sexual.
La situación también se refleja en el plano cultural. Expresiones como “a pelo” o “sin forro”, cada vez más frecuentes en redes sociales, memes y conversaciones cotidianas, contribuyen a naturalizar las relaciones sexuales sin protección. Para especialistas en sexualidad y educación sexual, esta normalización puede influir en la percepción de riesgo de las nuevas generaciones.
Frente a este escenario, profesionales de la salud insisten en la necesidad de reforzar las políticas públicas de prevención, ampliar el acceso gratuito a preservativos y fortalecer las campañas de concientización dirigidas a adolescentes y jóvenes. También subrayan que la educación sexual continúa siendo una herramienta clave para promover prácticas de cuidado y reducir la propagación de infecciones de transmisión sexual.
