La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires cerró su edición número 50 con cifras récord de asistencia y una agenda atravesada por debates sobre memoria, censura y el futuro de la lectura. Durante los 19 días de actividad, más de 1.340.000 personas recorrieron los pabellones de La Rural, consolidando al evento como uno de los encuentros editoriales más importantes del mundo hispanohablante.
La edición aniversario se desarrolló entre el 23 de abril y el 11 de mayo y reunió a escritores, editoriales, lectores, libreros y referentes culturales de distintos países en más de 50 mil metros cuadrados de exposición.
Uno de los ejes centrales de esta edición fue la reflexión sobre los 50 años del golpe cívico-militar de 1976. La programación incluyó debates, mesas de discusión, maratones de lectura y actividades vinculadas a los libros prohibidos durante la dictadura, además de espacios dedicados a la consigna del “Nunca Más” y al rol de la cultura en la construcción de la memoria colectiva.
Por primera vez en la historia de la Feria hubo un País Invitado de Honor. Perú participó con una amplia propuesta cultural bajo el lema “Caminos que unen”, que incluyó actividades literarias, espectáculos musicales y encuentros sobre diversidad cultural y lenguas originarias.
La apertura oficial también marcó una novedad simbólica. El acto inaugural estuvo protagonizado por tres referentes de la literatura argentina contemporánea: Leila Guerriero, Gabriela Cabezón Cámara y Selva Almada, quienes participaron de un diálogo centrado en la narrativa actual, la cultura y los desafíos sociales del presente.
Además de las presentaciones de libros y actividades abiertas al público, la Feria volvió a funcionar como un espacio clave para la industria editorial. Durante las jornadas profesionales se realizaron congresos, rondas de negocios y encuentros internacionales que reunieron a representantes del sector de distintos países.
La masiva convocatoria volvió a ser una de las características principales del evento. Según organizadores y visitantes, los pasillos de La Rural permanecieron colmados durante gran parte de la Feria, especialmente los fines de semana y en las jornadas de firmas de autores.
