Un informe del Instituto Argentina Grande (IAG) confirma que la actividad fabril cayó a niveles de 2003, asfixiada por la apertura de importaciones y la destrucción del mercado interno.
El proceso de desindustrialización acelerado por las políticas del actual Gobierno nacional ya tiene cifras que alarman: la industria argentina retrocedió en 2025 a volúmenes de producción similares a los de 2003. El estudio del Instituto Argentina Grande (IAG) advierte que, tras una década de estancamiento, el país hoy produce menos manufacturas que hace quince años, marcando el fracaso de un modelo que prioriza lo financiero sobre lo productivo.
Mientras las potencias globales como China y Estados Unidos expanden sus sectores manufactureros mediante políticas de protección y relocalización, Argentina se desentiende de sus fábricas. El escenario actual de apertura indiscriminada de importaciones y pérdida de competitividad ha deprimido ramas enteras de la producción nacional. El contraste es brutal: en la última década y media, mientras China creció un 220%, la industria local se hundió un 12%.
Este desplome industrial tiene un impacto directo en el bolsillo de los trabajadores. El informe resalta que la histórica relación entre producción y salarios se ha quebrado; sin una industria que traccione, el poder adquisitivo acumula casi medio año de parálisis y caída. Los sectores más sensibles, como el textil, caucho y plástico, operan con derrumbes de hasta el 29%, sobreviviendo apenas con rebotes aislados en lo que va de 2026, mientras el Ejecutivo nacional observa con indiferencia el vaciamiento del motor productivo del país.
