La caída en las tasas de inmunización en Argentina, especialmente frente al Virus del Papiloma Humano (VPH), encendió alertas por el riesgo de expansión de enfermedades que hasta hace poco eran prevenibles con vacunas. Según datos oficiales, la cobertura de la vacuna contra el VPH descendió significativamente en la última década: en 2024 alcanzó apenas el 55,5% en mujeres y el 50,9% en varones, muy por debajo de los niveles de 2015, cuando rondaban el 87% y 71% respectivamente.
El VPH es una infección de transmisión sexual muy común y está vinculado directamente con varios tipos de cáncer, entre ellos el cáncer de cuello uterino, que representa una de las principales causas de mortalidad por cáncer en mujeres jóvenes a nivel nacional. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cuatro de cada cinco personas sexualmente activas contraerán el virus en algún momento de su vida, aunque muchos casos sean asintomáticos.
La vacuna contra el VPH fue incorporada al Calendario Nacional de Vacunación y ha demostrado ser una herramienta clave para prevenir no solo el cáncer de cuello uterino sino también otras patologías asociadas a subtipos de alto riesgo del virus. Pero la caída en la vacunación no se limita solo al VPH. Datos oficiales muestran que en 2025 las coberturas nacionales promedio para otras vacunas del calendario oscilaron entre el 70% y el 85%, con caídas más marcadas en las dosis de refuerzo, como las de triple viral y varicela, que rondan el 45% al 47%. Esta tendencia ascendente en la proporción de no inmunizados pone en riesgo la inmunidad colectiva y favorece la reemergencia de enfermedades antes controladas.
Especialistas señalan que varios factores contribuyen a este descenso, entre ellos la disminución de consultas pediátricas a medida que los niños crecen, lo cual reduce oportunidades de actualización de esquemas de vacunación, y persistentes mitos sobre las vacunas que dificultan su aceptación.
