En una nueva jornada favorable para los mercados financieros, el riesgo país de la Argentina volvió a retroceder y se ubicó en torno a los 513 puntos básicos, mientras los bonos soberanos y las acciones registraron subas generalizadas. El indicador elaborado por JP Morgan acumuló su cuarta caída consecutiva y alcanzó niveles similares a los de mediados de 2018, en un contexto de fuerte ajuste económico impulsado por el Gobierno nacional.
Los bonos en dólares avanzaron en promedio un 1,1% y el índice S&P Merval ganó 1,2%, llegando incluso a marcar un nuevo récord nominal intradiario. Sin embargo, estos movimientos se producen en paralelo a un escenario de recesión profunda, pérdida del poder adquisitivo y deterioro del consumo interno, variables ausentes en la lectura optimista que promueve la administración de Javier Milei.
Desde el oficialismo y el mercado se señala que la baja del riesgo país podría abrir, en el corto plazo, la posibilidad de una nueva emisión de deuda en los mercados internacionales, algo que no ocurre desde 2018. No obstante, la experiencia reciente muestra que el acceso al financiamiento externo no garantiza estabilidad ni desarrollo, especialmente cuando se apoya en un esquema de ajuste fiscal extremo y endeudamiento como principal ancla económica.
Según estimaciones del sector financiero, un riesgo país cercano a los 400 puntos permitiría colocar bonos a tasas cercanas al 8% anual en dólares, similares a las que hoy enfrentan las empresas privadas. En ese marco, economistas afines al mercado plantean la conveniencia de emitir nueva deuda para despejar vencimientos de corto plazo, entre ellos los USD 4.200 millones que vencen el próximo 9 de julio por Bonaares y Globales.
El economista Federico Domínguez sostuvo que “Argentina entra en zona de emisión en los mercados internacionales”, y destacó la posibilidad de recomprar deuda de corto plazo para extender vencimientos. Sin embargo, estas estrategias vuelven a poner en discusión un modelo que prioriza la ingeniería financiera por sobre la acumulación genuina de reservas, la inversión productiva y la recuperación del ingreso.
En el plano cambiario, el dólar minorista subió a $1.460 en el Banco Nación, mientras el Banco Central compró apenas USD 39 millones, en un contexto de controles flexibilizados y reservas aún frágiles. A su vez, la mejora en los precios de los activos financieros contrasta con un escenario social marcado por el ajuste en jubilaciones, salarios y programas sociales.
En la Bolsa porteña, las mayores subas correspondieron a Transportadora Gas del Norte (+6,5%), IRSA (+5,2%) y Transener (+5,1%), sectores que se benefician directamente del esquema de desregulación y recomposición tarifaria impulsado por el Gobierno nacional.
Mientras tanto, las provincias también vuelven al mercado de deuda. Este martes, la provincia de Córdoba emitirá un nuevo bono bajo ley de Nueva York por USD 500 millones, con una tasa estimada cercana al 9%, parte de cuyos fondos se destinarán a recomprar vencimientos próximos, una dinámica que recuerda ciclos de endeudamiento ya conocidos en la historia reciente del país.
Así, la baja del riesgo país y la euforia financiera conviven con una economía real que sigue sin mostrar señales de recuperación para la mayoría de la población, profundizando la brecha entre los indicadores celebrados por el mercado y la realidad cotidiana que atraviesan millones de argentinos.
