El Gobierno de Javier Milei cerró la semana redoblando su apuesta por un modelo económico que profundiza la recesión, golpea a la industria nacional y avanza sobre los derechos laborales. La firma del demorado acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, celebrada por el oficialismo como un hito histórico, llega en el peor momento posible para el sector manufacturero argentino, el más castigado por la política libertaria. En paralelo, la Casa Rosada concentra todos sus esfuerzos en aprobar una reforma laboral regresiva, aun cuando los indicadores de empleo y actividad muestran un deterioro alarmante.
Luego de mostrarse distendido cantando junto al Chaqueño Palavecino en el Festival de Jesús María y antes de partir rumbo a Davos, Milei pasó por Asunción para rubricar el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, que prevé la eliminación del 90% de los aranceles entre ambos bloques. El tratado, largamente demorado, fue presentado como una oportunidad, aunque despierta fuertes resistencias tanto en Europa como en América del Sur.
Del lado europeo, los productores agropecuarios encabezaron las objeciones, con Francia, Irlanda y Polonia a la cabeza. En la región, en cambio, la mayor preocupación proviene del entramado industrial. Aunque Argentina tenga una estructura productiva complementaria con la europea, la apertura comercial llega en un contexto crítico para la industria local, que atraviesa su peor momento en años como consecuencia directa del ajuste, la caída del consumo y la liberalización de importaciones impulsadas por el Gobierno.
Los datos oficiales confirman el panorama. Según el INDEC, en noviembre la actividad industrial registró el peor desempeño de 2025. El Índice de Producción Industrial Manufacturero cayó 8,7% interanual, profundizando una tendencia negativa que se mantuvo durante todo el año. En ese marco, la apertura casi irrestricta del mercado aparece menos como una oportunidad que como una amenaza concreta para la producción y el empleo.
El frente externo tampoco ofrece alivio. Entre enero y noviembre de 2025, Argentina acumuló un déficit comercial de 1.703 millones de dólares con la Unión Europea. Las importaciones alcanzaron los 9.624 millones, mientras que las exportaciones sumaron apenas 7.921 millones. El dato más inquietante es que Alemania, el país con el que la balanza es más desfavorable, es uno de los principales impulsores del acuerdo, mientras que Polonia e Irlanda, con los que Argentina mantiene un saldo comercial positivo, figuran entre los más críticos del tratado.
Lejos del discurso oficial, el plan económico libertario ya provocó la pérdida de más de 270 mil empleos registrados, especialmente en la industria y la construcción. Las caídas mensuales superan el 0,5% y, si se compara con noviembre de 2023, la industria acumula una baja del 4,7% y la construcción del 15,1%. Esta sangría explica buena parte del derrumbe del empleo formal y desnuda el fracaso del modelo para generar trabajo.
El panorama industrial es particularmente grave. En los últimos dos años se perdieron más de 60.000 puestos registrados. Solo el sector de alimentos y bebidas logró cierta estabilidad, mientras que ramas como la textil sufrieron caídas de hasta el 15%. La destrucción del empleo industrial se consolida como una de las marcas más preocupantes de la gestión Milei, agravada por una política de apertura indiscriminada que favorece importaciones y castiga la producción local. Aunque sectores vinculados al agronegocio y la minería celebran el acuerdo con la Unión Europea, incluso allí los beneficios son relativos: hoy los principales compradores de exportaciones argentinas son India, China y otros países asiáticos.
Pese a este contexto recesivo, el Gobierno avanza con la reforma laboral, una iniciativa que implica una flexibilización.
