
Por Mariángel Oviedo Andrada
En un país que llegó a poner satélites en órbita y a exportar reactores nucleares, también florece un movimiento que trabaja con tornillos flojos, cables reciclados y monitores rescatados de la basura. Se hacen llamar Cybercirujas y su propuesta es tan simple como poderosa: reparar, compartir y reutilizar tecnología que la lógica del mercado considera obsoleta.
El término nació en los márgenes urbanos y rápidamente se expandió a ciudades como Buenos Aires, Córdoba, Rosario y La Plata. Lejos de los centros de investigación con presupuestos millonarios, los cybercirujas organizan “reparatones” y “ollas populares de hardware” donde cualquier persona puede llevar su computadora rota, su celular olvidado en un cajón o su impresora “descartada” y devolverle vida útil. Todo de manera comunitaria y sin fines de lucro.
Tecnología para sobrevivir, no para descartar
La filosofía detrás del movimiento es contracultural: frente a una industria que promueve el recambio constante, ellos apuestan por la durabilidad y el acceso universal. Usan software libre, piezas de segunda mano y un conocimiento abierto que circula sin patentes ni secretos industriales. En los encuentros no importa si se es ingeniero o estudiante de secundaria: el saber se comparte.
Para muchas familias, esta práctica marca la diferencia entre quedarse fuera del mundo digital o poder acceder a una computadora para estudiar, trabajar o simplemente comunicarse. En un contexto donde el precio de una notebook nueva supera con creces un salario promedio, los cybercirujas se vuelven un salvavidas.
Del satélite a la resistencia barrial
Aquí aparece la paradoja argentina. Durante años, el país fue ejemplo en la región por sus logros en ciencia y tecnología: satélites de observación construidos por INVAP, avances en biotecnología, desarrollos nucleares de exportación. Hoy, en cambio, el panorama es otro: recortes presupuestarios históricos, salarios en caída y un marcado éxodo de científicos y técnicos al exterior.
El contraste es evidente: mientras el Estado achica su inversión en investigación y muchos laboratorios cierran, las comunidades se organizan para sostener el acceso básico a la tecnología. Pasamos de celebrar la puesta en órbita de un satélite propio a depender del ingenio popular para mantener vivo un CPU de hace diez años.
La otra cara de la fuga de cerebros
El fenómeno de los cybercirujas también es una respuesta creativa a la fuga de cerebros. Miles de profesionales formados en universidades públicas emigran buscando mejores condiciones, mientras en los barrios se resignifica el conocimiento tecnológico con fines de supervivencia. La ciencia de vanguardia se va, pero la cultura hacker comunitaria se queda y se multiplica.
Una lección en tiempos de crisis
Los cybercirujas nos recuerdan que la tecnología no es solo lo que lanzan las grandes corporaciones ni los países con presupuestos billonarios. También es un monitor reparado, una red comunitaria de wifi, un taller barrial de electrónica básica. Es un acto de resistencia contra la exclusión digital.
Quizás esa sea la enseñanza más potente: en un país donde la ciencia oficial se achica y la innovación parece condenada a depender de capitales extranjeros, hay sectores de la sociedad que se niegan a renunciar a la tecnología. Los cybercirujas son, en definitiva, un espejo de la Argentina actual: entre la gloria de los satélites y la urgencia de la subsistencia.
📌 ¿Querés contactarte con los Cybercirujas?
📧 Email central: cybercirujas@cybercirujas.club
🛠️ Eventos locales: Buenos Aires, Córdoba, Rosario, La Plata, Posadas. El último gran encuentro fue el 16 de agosto de 2025 en el Centro Cultural Paco Urondo (BA).
💻 Coordinación online: chat.rebelion.digital (canal #cybercirujas-juntadas) y sala XMPP cybercirujas-juntadas@conference.cyberdelia.com.ar.
📱 También tienen grupos de coordinación en Telegram.